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Full text of "La Ilustración Guatemalteca"


Vol. I. No. 12. 

SUMARIO 

PAGINA 

rOR QUÉ NO SB ESCRIBE. J. K. Z -...I77-»78 

Mis Amores, a. M i7^ 

Impresiones de Viaje; El Volcán de Fueyo. 

Eugenio Diissaussay - 179-181 

A USA Momia. Rafael Machado Jáuregui 182 

Horas dr Angustia. VicenU I^paira de la 

Cerda »83 

KU SOLDADITO DE LATÓN Y SU NOVIA DE POR- 
CELANA. Carlota H. O. de Kelly 184 

r.RUPO DE ARPISTAS ^85 

Notas Ciclistas. Eme »86 

artículos y Discursos. A. Maclas del Rcal..i87-i8S 
I.1TKRATURA DE Hungría : Cancione* de 

Petoefi. J. Ménder 18J-190 

Instituto Villatoro. A. M 19» 

Rksumkn Quincenal. A. Maclas del Real 192 

RiíViSTA Bursátil 



Bnero 15 de 1897. 



4 UKAUE« KJEMHUAK. 



^^ 



^5" 



X 



LA ll.rSTKACIOS CrATEMAUECA 



Juan P. Marks 



Exportador de Vinos 

JEREZ DE LA FRONTERA, ESPAÑA. 



London House: W. H. MARKS & CO., 

62 V 6^ Mark Lañe, H. C. 



MARCAS OE VEiNTA: 

JEREZ 

Jerez Pálido. Jerez Oloroso. Jerez Fino. Jerez Raya. Jerez Amoroso. 

MAIfZAIf ILLAS 

Manzanilla. Manzanilla Olorosa. Manzanilla Superior. 

ABSONTIX, LADOS 

Amontili.ado Fino. .Amontillako Sii'i:hior. Amontillado Pasado. 

SELECTOS 
Palo Cortado. Dos Cortados. Tres Cortados. India (Navegado). 

DULCES 
Moscatel Fino. Moscatel Superior. Pedro Ximénez. Pedro Ximíínez Superior. 

COGNAC 

Una * 1),,^ * * Trks • • • 

ESPECIALIDADES 

San Jorge (Raya gorda). Infanta (Amontillado). V.\. Alguacil (Oloroso fino) 

Elixir Exquisito (Amomillado i. Vino para Enfermos. 

Vino para Consagrar. Victoria Regina (Solera vieja). 

Pedro Ximénkz (Viejisimo). Non Pus Ui.tra. 



Los pedidos se harán íi la casa de Jerez. 

E^tos vinos se hallan de venta en todo alampen de importancia. 
,*•••( • • • * • 

Ang:el J. Espert, 



A««nt« Uwneral. 



#1 






1a Ilustración (jüÁTEMAiJEíA 







w. 



liF 



VOL. I. 



Guatemala, 15 dk Enero de 1897. 



No. 12. 



REVISTA QUINCENAL 

SÍGUERE. GuiROLA & CÍA., Editores Propietarios 

Oficinas y Tallerks : 4a. Avenida Sur No. i. 



SUSCRIPCIÓN : Un año en la República, pago adelantado.... $10. 00 
" " " en el Exterior " " .... 12.00 

Niimero suelto 50 centavos. 

La Suscripción puede comenzar en cualquier época. 

Todo pai^o precisamente adelantado. 



Correspondencia : Para todo lo relativo á la Redacción y Ad- 
ministración económica, dirigir.se á lo»* Editores, 
SltlUERE, C;UIKOI,A & CÍA. 

Apartado de Correo No. 12. Guatemala, C. A. 

No se devuelven los originales que se nos remitan. 



Por qué no se escribe. 

jUIEN puede dudar que en Guatemala 
hay inteligencias literarias de primer 
orden que eu otros tiempos han dado á 
conocer su valor con notables producciones, 
quién duda que existen plumas brillantes que 
debían dar honra y lustre á nuestras letras y 
que sin embargo permanecen en completa iner- 
cia, siendo muy pocos los que de tarde en tarde 
algo escriben. 

Esta quietud intelectual asombra sobrema- 
nera, 5' á esto se debe el que nuestro movi- 
miento literario sea tan insignificante, quizás 
inferior al de las demás Repúblicas d; Centro 
América. 

Este fenómeno parece inexplicable y sin em- 
bargo fácil es encontrar su causa principal en 
nuestras intransigencias políticas, que como 
todas las intransigencias, con.stituye una remora 
%u todo progreso, en todo desíírollo y avance. 

Hace pocos días leíamos en un periódico de 
esta capital, un artículo de un escritor novel 



salvadoreño en que con sobrada audacia se per- 
mitía asegurar, que en Guatemala no existían 
escritores, como dando á entender que los que 
nos vienen de fuera son los únicos posibles. 
Esta afirmación que más que todo indica igno- 
rancia, nos pone de manifiesto lo desconocido 
que son nuestros escritores ; pero como decía- 
mos, éstos permanecen en completo silencio. 

Existe aquí la tendencia funesta de verlo y 
examinarlo todo, bajo el prisma de un credo 
político ó de un partido, y el mérito intrínseco 
de las inteligencias nunca se juzga con la im- 
parcialidad debida, sino que se le enzalza ó se 
le calumnia según sea su modo de pensar poli- • 
tico, de tal manera que si á éste se le censura, 
se le moteja y se le ridiculiza, es sólo por que 
se diceijue no pertenece á ésta ó aquella agru- 
pación ; así el mérito se niega ó se adjudica 
fundándose sólo en el criterio absurdo que nace 
de la pasión, y de los intereses bastardos de 
bandería ; esto hace que los hombres sensatos, 
enemigos de luchas enojosas, se abstengan del 
todo de dar á luz las producciones de su pluma. 

Este es un verdadero mal, como malas son 
todas nuestras intransigencias que nos alejan 
de la imparcialidad y de la justicia, por que 
las pasiones ofuscan y nos conducen sólo á 
odios y á egoísmos detestables, que han dado 
por resultado el silencio de los hombres de 
mérito quienes temen ser el blanco de los dar- 
dos envenenados de las medianías. 

Por esto es, que muy de tarde en tarde suele 
salir á luz alguna producción notable, y el 
campo dííacción est£Í,ocuJadc« c^si sól8 por la 
audacia de presunciones ridiculas, que profa- 
nan las letras y las empalian. 






itS 



/..; //.isr/í.ir/ox guatiímai.tiíca 



Ksta es la plaga que se lia impuesto : etnlnj- 
rronadores de cuartillas que por doudi.- qiiiera 
pululan, haciéndose mutuamente homlio par;i 
sentar plaza de escritores de primera nota, sin 
liaher hojeado libros ni estudiado nada, ni ate- 
sorado en el cerebro ideas qué sustentar en 
cualquier sentido, porque para ellos la idea no 
hace falta y 1<kIo la hacen consistir el relum- 
brón de frases huecas y sensacionales. 

Sin emliargo, de todo ésto, se dicen los re- 
formadores de la literatura añeja, los que cami- 
nan á la vanguardia del movimiento intelec- 
tual de nuestro {mís, porque con ese sistema 
raro y suis^encris de escribir enigmas en estilo 
más que gongorico. ridículo y extrambótico, 
quieren hacer consistir el arte de escribir en 
usar los términos más alambicados, lo.-, giros 
más zurdos y los epiletos más extravagantes, 
en oposición con la l)elleza que resalta de la 
expre.sión natural y sencilla de las ideas. 

Quién no se queda psrplejo al leer algo de la 
iluminación helénica de la ma.sa encefálica ; 
quién no se asombra al oír hablar de la mirada 
plástica y luciente. d¿l perfil violáceo, del 1m)s- 
que harmonioso donde florecen las llamas como 
rosas de fuego, del pensamiento nacarado por 
la bruma de la dicha rítmica y beciueriana. y 
de otras mil bellezas, dignas de p;rpétua ad- 
miraciiin ó de perpetua risa. ]xjr(iue al fin de 
todo forman la monsirga más espeluznante y 
el guacamol más indigesto que se ha confeccio- 
nado nunca. 

Pero dejemos en \a7. á estos seflores. ya que 
forman la degeneración literaria : están ataca- 
dos de una enfermedad que no es posible cnrar 
y que nosotros no intentamos analizar ; dejé- 
mosles en paz. con su factura de epítetos ab- 
surdos que á ellos parecen la flor y nata de la 
l>ella literatura : el decadentismo tendrá qué 
morir dentro de poco y huir para si.;m]>re con 
su cargamento de cosas azules, su estilo car- 
navalesco y su facilidad pasmosa de escribir 
sin decir nada, nada más <|ue estujjcndas y ex- 
traorditiarias í ' ingenios trasuíK-hados 

V d» ini:iv;iu;ii ! iitiiri-.-nlas y enfermas. 

J. K. Z. 

f PensamikÍtÍ. --^); iirnchas pjr*mas solo 
el nombre vale ; vistas de cerca son menos que 
n.ida : p.-ro »le lejo^ imiKjnen. 



ÍHi¿ ^Imoros. 

* J*() también amé, hace muchos artos, cuan- 
iJ do no tenia canas en la cabeza ni curva- 
% tura en la médula, ni frialdades en el cora- 
ziiii ; voy á decirles quiénes fueron mis novias. 
Primero: una nirta de catorce aiíos, Ijella ru- 
lota que me ajuteslaba las cartas copiándolas 
de un formulario y iH)nieiulo al pié de ellas. 
como larga letanía, "te amo." liastó que se 
mudara de ca.sa para que al día siguiente no se 
acordara de mí á p.'.sar de su iliiiio cariño. 

\..\ VKKS.\TII.II>.\I> 

Después pasL-é la calle de .alcalá á una mu- 
jer de 26 aílos. prototipo de la elegancia, la pri- 
mera entre las ]>rimeras por el buen gu.sto para 
elegir un sombrero ó un traje ; duraron cua- 
renta días las relaciones, hasta que una vez 
i|uizá. ix)r una equivocación de sobre, recibí 
una misiva en Ixirrador, que decía para el nú- 
mero 27, y después los consabidos parrafitos. 

LA COgiTKTKRÍA 

lín Sevilla, venia una noche del cuartel una 
muchacha encantadora, se apea del coche, me 

dirige un s.ihido, me invita á ir á su casa 

KL CAPRICHO 

Proiunuic en el Ateneo un discurso califi- 
cado de n<)tal)le ]K)r mis amigos y de plagiado 
])or mis op')sitoros, delante de una concurren- 
cia nnmero.<a y distinguida, en la <iUf figuraba 
el Iiello .sexo. 

.\1 siguiente día fui invitado á concurrir á 
un salón aristocrático, la dueíla de la casa que 
era viuda, me hizo los honores en toda regla y 
me piditi en secreto fuera el director científico 
de su hijo, le tratara como .si futra un hermano 
ó su padre, pues no cjuería se ])ervirtitse. 

I.A DCl'I.IClllAI) 

Hn el (•imna-io conocí una l).-lla silfide, pe- 
<|uei^a. buena y rica 

Por espacii I de nueve nii-sts dimos margen 
para un idilio. 

Yo la pídi renunciara su fortuna en lavorde 
los jK)bres. y prefirió renunciar al novio. 
I.A amiiickín 

Y más tarde, viajando ]X)r aquí y allá he 
visto cien mil imijeres que me han impresio- 
na<fc) i>or su l)íllrza, talento y elegancia. per<f 
el recHcnlo de anteriores conquistas me ha de- 
tenido á hacer nuevas. A, M. 



r. 

o 
g 







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¡..I /¡.L'STKAC/ON (¡iiATI-lMALTECA 



179 



€1 Polcan ^e .^ucao. 

,U N la expsdicióu que acabo de hacer, lo 

|-i|l' 4"e más me ha impresionado es la ascen- 

X" sión al célebre Volcán de Fuego, y )'a que 

se trata de impresiones de viajes, muy justo es 

que le dé la preferencia. 

Costumbre mia es viajar solo ; en primer lu- 
gar, porque las más veces muy difícil me sería 
encontrar compañeros, no teniendo las expedi- 
ciones que emprendo nada de halagüeño para 
los que á las aventuras, prefieren la vida seden- 
taria ; en segundo lugar, porque la experiencia 
me ha ensenado que es viajando de este modo, 
que la expansión ó singular complacencia que 
halla la mente humana en considerar todo lo 
que es nuevo y extraordinario, llega á su mayor 
desarrollo. F.sta vez salí de mi costumbre por 
haber notado en el que se ofreció de compa- 
ñero mío, Don Tadeo Trabanino, estudiante 
en Medicina, al mismo tiempo que una agili- 
dad de cuerpo extraordinaria, una resolución 
de ánimo singular, condiciones necesarias para 
vencer todo obstáculo. En obsequio de la ver- 
dad, debo decir, que bien me fué con haberle 
admitido en mi compañía, pues á él debo el 
poder contar hoy á mis lectores, no el cuento, 
sino la historia olijeto de este artículo. 

Kl 22 del corriente, salimos de la Antigua 
con dirección á Alotenango, llevando para el 
Alcalde de este pueblo una orden del Jefe Po- 
lítico del departamento para que se no's pres- 
taran los auxilios nece.sarios para nue.stra ex- 
pedición. Nuestro intento era .subir al pico 
de en medio del volcán, todavía sin explorar ; 
psro como no nos fué posible conseguir guía 
para esto, re.solvimos a.scender al que está en 
actividad y se ha hecho ya célebre por sus 
erupciones, entre ellas, las del año pasado 
(1880). 

Preciso es que s?pan mis lectores, que tanto 
es el miedo que tienen al Volcán de Fuego los 
indígenas de Alotenango, que en todo el pue- 
blo no se encuentra más que un sólo individuo 
que quiera acompañar á los miiy raros turis- 
tSs que á largos intervalos de nempo se pie- 
sentan. 

Rudecindo Zul, tal es el nombre y apellido 



de nue.stro acompañante que bien merece una 
mención especial. Tiene 98 años y aún está 
fresco y vigoroso. Llevaba la cuenta de sus 
años con granos de maíz, valiendo cada grano 
doce meses ; pero hace como dos años los rato- 
nes le comieron los granos ; felizmente pocos 
días antes del desaparecimiento, los había con- 
tado y ascendían á noventa y seis, de suerte 
que hoy tiene noventa y ocho años bien con- 
tados. No tiene una sola cana ; sus ojos están 
un poco hinchados ; pero esto no le impide el 
ver. Casado dos veces, Zul tiene diecinueve 
hijos legítimos ; de los naturales confiesa que 
el número es incalculable ; su segunda mujer 
tiene treinta y ocho años y promete dar á Zul 
algunos hijos más. E.'^tá acostumbrado á no 
usar nunca de otros manjares que tortilla, car- 
ne, chile y frijoles ; pero es en extremo aficio- 
nado al aguardiente del país y á la chicha. 
Está vestido con un largo cotón de lana negra, 
abierto por la parte superior por donde pasa la 
cabeza y también lateralmente del sobaco al 
muslo, y su.spendido al cuerpo por medio de 
un cincho. 

Tal era el guía, que con dos mozos iba á en- 
caminarnos al cráter del volcán ; encaminar, 
digo, pues no hay quien les haga pasar del 
punto que llaman meseta : dicen que no hay 
licencia. 

El 23 por la mañana, salimos del pueblo de 
Alotenango y dirigimos al río Guacalate un 
adiós, algo parecido al del marinero, cuando 
.se aleja el buque del puerto, Zul abría la mar- 
cha ; á continuación seguíamos nosotros y des- 
pués los mozos que en unos matates, llevaban 
las provisiones necesarias para la ascensión. 
Inútil es decir, que entre éstas, figuraba en 
primer lugar el licor, pues á esa sola condición. 
tanto Zul como los mozos habían con,sentidü 
en acompañarnos. Mi compañero y yo, nos 
habíamos hecho cargo de los instrumentos que 
habíamos podido reunir y del armamento ne- 
cesario para nuestra seguridad per.sonal, de- 
fendiéndonos de los ataques de los tigres que 
han elegido por morada el volcán. 

En el plano .que en más de una legua se si- 
gue antes de llegar á la primera cuesta, deno- 
minada de# Castillo (¿íajoíCacHu^iyo), ^nter- 
rogué á Zul respecto á la tradición ([ue me 
habían asegurado existir. Con la mayor .sen- 



1 8o 



/..-i H.rSTh'.tC/OX C('ArF..\ÍAl.TF.CA 



cillez me contó ; que hace mucho tiempo vi- 
nieron unos padres espartóles á liautizar el vol- 
cán, á quien querían dar el nombre de Catari- 
na ; pero éste se negó absolutamente á recibir 
las aguas del bautismo y. como insistieran los 
padres, se puso de rej>ente tan bravo el volcán, 
que arrojó hasta el Palacio del Obisix» en la 
Antigua, la cniz de madera que intentaban po- 
nerle. Tuvieron entonces un horrible miedo 
los padres y dejaron en paz al infiel volcán. 

La cuesta del Castillo, que constituye las fal- 
das más bajas del volcán, es notable jx)r su ve- 
getación verdaderamente asombrosa. Kl ma- 
jestuoso roble, la encina con sus blancas y dul- 
ces bellotas, el aguacate con su agradable fruto, 
y multitud de otros árlxjles muy ramosos que 
arrojan hermosas y crecidas flores de todos co- 
lores, encantan la vista. 

Allá también se encuentra el amate, cuya 
ñor, según las creencias de los indígenas, no se 
puede ver, porque en el momento de echarla 
el árbol, cae y la recibe el dueflo del volcán, 
que se la come cuando tiene hambre. En vano 
quise hacerle comprender á Zul que si no se ve 
la flor, es porque es la misma fruta ; el por- 
fiado indio, fiel á la tradición de sus padres, 
movió la cabeza en seflal de duda ; y pude con- 
vencerme de que yo predicaba en desierto. 

Al salir de la cuesta del Castillo, la montaña 
se hace mucho más espesa ; los árboles son 
menos elevados, pero su número es mucho ma- 
yor. Como hacía más de ocho meses que na- 
die subía al volcán, no existía senda alguna, 
teniendo Zul que abrir el camino con el machete. 

A medida que íbamos subiando, el tiempo, 
que toda la mañana se había conservado sereno, 
se puso tempjstuoso ; inmensas masas de vajxir 
acuoso flotando por el aire, eran llevadas p<jr 
los vientos en twlas direcciones, variando su 
color y forma, mientras que otras que no po- 
dían elevarse por su mayor densidad, queda- 
ban reclinadas sobre la montaña list- extendían 
por largos trechos con un movimiento pausado. 
Llegado al lugar dsrnominado Cipresal, por 
exi.stir en él seis árlx>les de esta csp;cie, tres 
grandes y tres pequeños, nos envolvió una 
niebla muy densa, cuyos glóbulos podíamos 
distinguir flStándc^ientr mente por Ll aire y sin 
caer á tierra ; y tomando algunos de ellos ha- 
llamos que eran vcjiguillas sumamente sutiles 



como las que se ven en el agua de jabón y 
tixlas de la misma estructura. 

Habiendo yo sacado el termómetro, vi en los 
labios de Zul una sonrisa mezclada de curio- 
sidad, y á instancias mías me coiife.só que los 
que suben al volcán, cuelgan sitmpre á un ár- 
bol una cosa idéntica. Agregí) que él sabía 
de buen origen que viene de noche el dueño 
del volcán á hablar con el instrumento, y que 
en prueba de ello á la mañana siguiente llegan 
siempre los viajeros á sal)er lo que éste dice. 
Hl termómetro marcaba dos grados sobre cero : 
era la mía de la tarde ; habíamos empleado ya 
seis horas en subir y no habíamos llegado to- 
davía á la mitad del volcán. Sin embargo, 
habíamos comidt) nuestro pan blanco, pues la 
subida ihíx á .ser mucho más difícil en adelante 
y la tierra sobre que pisábamos era tan blanda, 
que nos sumíamos ha.sta la rodilla. Mandé 
hacer alto y sobre un lecho de hojas secas, 
hice servir por los mozos el lioic/i que debía 
I>roporcionarnos las fuerzas que íbamos á ne- 
cesitar. 

Huimos interrumpidos en nuestra frugal co- 
mida por la aparición á larga distancia de un 
tigre cachorro que, al oír nuestros instantáneos 
gritos de sorpresa, echó á correr. Mi primera 
idea fué dispararle : pero, pasada la impresión 
de su vista, juzgué mas prudente reservar los 
pocos tiros de Remington que Ikvaba para los 
grandes tigres, cuya presencia en el volcán nos 
acababa de revelar el cachorro que .se nos había 
presentado. 

Concluido el lunch, contiiuiamos la ascen- 
sión. Un cuarto de hora después, vimos pre- 
cipitarse en aguaceros los vapores densos, que 
jxKX) antes habíamos visto subir de la tierra y 
cvndensarse en nulies. Zul y sus campaneros 
sacaron el petate para defenderse de la violen- 
cia de la lluvia al mismo tiempo que preservar 
las provisiones ; pero nosotros que no íl)amos 
provistos Ai tal objeto, preferimos recibir toda 
la fuerza del agua (jue mojar nuestras frazadas 
<iue tan útil ser\-icio debían prestarnos en la 
terrible noche que nos esperaba. 

líl paisaje que se ofrecía á tuieslra vista era 
muy distinto djl que habíamos observado por 
l;l mañana, y no-> indicaba (pie ya liabíamVjs 
penetrado en otra zona. La ladera á que con 
mucha dificultad ascendíamos, estaba cubierta 




Ruinas de i.á*Antigua. — Ipjterior de la I(0.esia de l^Coi»epc»óÍÍ 

(Fotogralía por Alberto O. Valdeavellano.) 



c 



LA ILUSTRACIÓN GUATEMALTECA 



de castaños silvestres, árbol de montes y pe- 
dregales que se cría en tierra delgada y alta, 
no prevalece en los climas calurosos y es amante 
del aire frío. Al ver esos árboles no pude me- 
nos de recordar mi querida Bretaña, donde 
abunda el castaño y la gente pobre hace de su 
exquisito fruto un pan delicioso. 

Eran las cinco de la tarde, y pregunté á Zul 
cuánto faltaba para llegar al fin de la posada : 
con su acostumbrada impasibilidad me contestó 
que estaba lejos todavía, y que preferible sería 
para nosotros pasar la noche debajo de un ele- 
vado árbol que distaba poco. Por temor de 
que nos sorprendiera la noche en el monte, 
aceptamos las indicaciones de nuestro respeta- 
ble guía, y algunos minutos después, bajo toda 
la fuerza del aguacero, llegamos al lugar donde 
esperábamos hallar abrigo y descanso. 

Lo primero que hicimos fué barrer la lava 
que había sobre la tierra, para aclarar la po- 
sada ; en .seguida con horcones, ramas y hojas 
improvisamos una choza para preservarnos 
algún tanto de la lluvia y demás intemperies á 
que forzosamente nos encontrábamos someti- 
dos. Encendido el fuego en medio de nuestra 
rvistica habitación, dudando yo de los talentos 
culinarios de Zul, y ayudado de mi compañero, 
preparé á la gaucha una suculenta cena, des- 
pués de la cual patrones y mozos nos tendimos 
todos al redador del fuego. El termómetro 
marcaba seis grados bajo cero ; sin embargo, 
acostumbrado como estoy al frío, habría yo 
pasado la noche en profundo sueño, á no ha- 
ber sido la conversación que entablaban los 
demás. 

Empezó á amanecer : el tiempo se puso se- 
reno y apacible, y á la salida del sol, el encan- 
tador panorama que se ofreció á nuestra vista 
nos compensó ampliamente ds las fatigas de la 
víspera y de la mala noche que habíamos pa- 
sado. Por todos lados una inmensidad de 
montes elevándose unos más allá de otros, unos 
rematando en puntas, otros truncados y algu- 
nos en figura de bóveda, asombraba nuestros 
maravillados ojos. Al sur, distinguíamos Es- 
cuintla y el mar, cuyas olas agitadas se remon- 
taban á una considerable altuM. Al este, do- 
minábase el gigantesco Volcán de Agua. 'Al 
noroeste, divisábase la memorable Antigua y 
sus dependencias, y más allá la soberbia capi- 



tal de Guatemala, cuyos elegantes edificios, 
bien blanqueados, ofrecían la más halagüeña 
perspectiva. Al norte, el pico de en medio 
del mismo volcán desplegaba su orguUosa cima. 
Sólo al oeste no podíamos distinguir nada, pues 
nos faltaba todavía mucho para llegar al cráter, 
y el mismo volcán nos servía de antifaz. 

Sintiendo nuestro cuerpo animado con la es- 
pléndida escena que á nuestro rededor se os- 
tentaba, emprendimos de nuevo la ascensión, 
y como á las ocho del día, llegamos al punto 
que los indígenas han bautizado con el nombre 
de primera meseta. Zul nos manifestó que 
nunca pasaba de allí, pero que nos iba á dar 
un mozo que nos acompañara \íasXa.\a. segxinda 
meseta, que es la que lleva al cráter. 

En la última ladera por la que ascendimos, 
sólo existen pinos. No se crea que es el orgu- 
lloso pino que levanta su soberbia cabeza sobre 
los otros proceres de los montes, no, es un pino 
raquítico que parece sumergido en el más pro- 
fundo letargo. Allí no se escucha el gorjeo de 
los pájaros. La naturaleza, en lugar de hacer, 
como en las faldas bajas, ostentación de su 
hermosura, se muestra indiferente. El viajero 
no disfruta de sus sentidos y experimenta una 
profunda tristeza. Es que desde allí poco á 
poco va disminuyendo la vegetación hasta ce- 
sar toda vida orgánica, que ha desaparecido 
completamente al llegar á la segunda meseta. 

Esta se compone de un filón que no tiene 
más que un pie de ancho, teniendo el turista 
á diestra y siniestra un precipicio cuya profun- 
didad es incalculable. El menor desliz le des- 
pedazaría inevitablemente, no habiendo abro- 
jos, ni otra cosa qué agarrar para libertar su 
vida. Creo que si los indios no quieren aven- 
turarse en él, no es, como dicen ellos, porque 
no hay licencia, sino por el espantoso miedo 
que le tienen. Hay en verdad lo bastante para 
hacer desvanecer la cabeza de un marinero, y 
si la imaginación perturba los sentidos, impide 
proceder con seguridad. 

El viento norte que soplaba era tan fuerte 
que no contento con volar nuestros sombreros, 
nos arrojó al suelo. Cuando vimos el peligro 

que corríamos, intentamos caracolar el filón. 

. • • • * * . 

Yo lija aelante, cuaíido ae repente sentí que» 

la arena me falseaba los pies y me conducía al 
fondo del precipicio. Reduje entonces entre 






TS2 



l.A /J.rSTRACrON GUATF.AfA/.TF.CA 



mis piernas los dos bordones que me auxilia- 
ban, pero como siguiera deslizándose la arena, 
llamé al compañero que venía atrás de mi, el 
que acudió como pudo, y me arrojó el lazo de 
que íbamos provistos, consiguiendo de este 
modo salvarme del peligro. 

X'adeamos entonces otro camino menos difí- 
cil y pudimos llegar al pie de la pefla que for- 
ma la base del pico. Con mil dificultades y 
caracolando dicha peña, logramos llegar cerca 
del cráter ; pero no nos fué posil)le verlo, por 
estar éste ladeado y espiando al sur poco más 
abajo de la cúspide del volcán, y encontrarse la 
piedra tajada per¡)endicularmente. Kn com- 
pensación, .sentimos el in.sufrible calor de la 
piedra que pisábamos y un fuerte olor azufroso 
que emanaba del humo arrojado por el volcán. 
Diez y seis horas habíamos empleado en toda 
la ascensión sin contar la noche de reposo. VA 
termómetro centígrado marcaba ocho grados 
bajo cero. Contamos nuestras pulsaciones : 
las de mi compafiero daban ciento cuarenta 
por minuto y las mías ciento veintiocho. 

Cuatro horas y media nos bastaron para des- 
cender. Zul y sus compañeros, con lo que 
habían ganado y bebido, bajaban con una ver- 
tiginosa velocidad. Se veía un hermoso arco 
iris, y Zul me contó que donde aparece aquél, 
hay minas de oro y de plata. 

A nuestra llegada al pueblo de Alotenango 
(el número de pasos que di al bajar desde la 
cima ha.sta éste, fue de 22,030), encontramos á 
un mozo que el señor Don Juan J. Rodríguez, 
dueño del ingenio de Capetillo, había mandado 
para tener noticias de nuestra suerte. En 
muestra de gratitud, debo maniltstar que di- 
cho señor, tanto á la ida como á la vuelta, nos 
prodigó las más cordial hospitalidad. 

lífC.KNIO ni-s,SAfSS.\v. 

Mn Chicago acaba de con.stitnir.se un gran 
sindicato anglo-americano para desarrollar el 
comercio chino, mediante la construcción de 
más de .•?,<x)o kili'mietros de vía férrea en el 
Celeste Imperio. 

Para llevar á calM) este p;nsamiento \.\ 'u.w 
subscnta nnr .bue^'a cantidad de, millonea. 
Los americanos suministrarán el material, y 
los chinos, dirigidos p.ir ingeniíros curojK'os, 
realizarán los trabajos de coastrncción. 



?l una inoiiiia. 



i'AKA ' l.A Ilustración Ci-ati-mai-trca." 

Siinl Incríniw rcnitli. 

-VIKÍ'.IMU. 

líii ijíiioratlo lifiujK) mujer fuiste. 
Que tus fonii.is ilesuuil.TS lo revelan ; 
.'\ñüs sin cuento .soV)re tí jjasaron 

V el oneriKi humano se tornó tle piedra. 

.-\nacronismo extremo, sobrevives. 
De anli>;na edad, como una tosca premia ; 
Tú. del común destino exonerada, 
No te volviste deleznatile tierra. 

Tu nombre, tu nación, d! ¿cuáles fueron ? 

V ¿porqué estás así? Xadie penetra 

lin las sombras que envuelven tu pasado, 

V no hay quien le descifre ni te lea. 

Si tú hablaras, acaso nos dirías 
Hien extrañas costumbres de otras eras. 
De sañudos sanjíríentos Faraones, 
De terríficas plajjas y de guerras. 

Ix>s hombres convertidos en esclavos 

V las mujeres ilébiles en bestias, 

V en medio de aquella época sombría. 
Florecientes las arles y las ciencias. 

Pero nada dirás. I'elrificaila, 
Silencio sepulcral tus labios sella ; 
F.res así como carbón de un árbol. 
De un cirio consumido la pavesa. 

Rígidas tienes las esliellas formas, 
Del mármol la frialdad y la dureza. 
¡ F.slatua ! no eres obra de un artista. 
Tu primitivo origen está en !• va. 

V latió el corazón dentro tu pecho. 

V soñaste tal vez dulces í|uimeras, 

V amorosos ensueños inspirabas, 

V concebiste esplendidas ideas ; 

Tus labios á otros labios se juntaron 
Kn el ileliipiio de pasión suprema, 

V embelleció con nardos y azahares 
I,a corona nu|M-ial tu caballera. 

Tal vez con esos pechos insensibles 
.Alimentaste un día. madre tierna. 
I.os hijos (le tu amor. Tus oíos secos 
l"n tienijK) fueron ardorosas teas ; 

V lloraRe i-on ellos, (pie las lA^'rimas ( 
Son el r(K'lo hunuino con que rie),'a 

I.a humanidad, este s<nnlirío páramo ; 
Ilalsamo «on. consuelo v anatema. 



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9, 

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LA ILUSTRACIÓN GUATEMALTECA 



183 



lO fuiste Mesalina cortesana 
De formas mórbiilas y nial envueltas, 

Y en el agua lustra! purificaste 

De la nocturna bacanal las huellas? 

I Esclava fuiste, di, señora altiva, 
Mendicante infeliz, reina, princesa? 
Tienes uiisterios, carcomida momia, 
Por que ninguno sabe, á fe quien eras. 

Me causas coiupasión. Sin sepultura, 
Errante vas y por doquier te llevan. 
Exhibiéndote, así como se exhiben, 
Por negocio, fenómenos y fieras. 

Siempre en locomoción, cruzas los mares, 
Las carreteras y las líneas férreas, 

Y en caja tosca, con frecuencia tú eres 
Un Imito más, guardado en la bodega. 

Inspiras á unos grande repugnancia, 
A los niños sonrisas placenteras, 
Curiosidad excitas en los otros, 

Y eres, en fin, para pensar, un tema. 

Todo tiene pudor. La muerte misma. 
Dentro el sepulcro sus horrores vela : 
Tú sola fría, sola exheredada, 
No tienes cruz, ni lápida, ni huesa. 

¡ Pobre de tí, que mísera y perdida 
Do reclinar, no tienes, la cabeza ! 
¡ Pobre de tí, que no hallas nunca leve 
Ni aun el regazo de la madre tierra ! 

Te conducen ruines negociantes. 
Cual mercancía, á cambio de moneda : 
Objeto extraño, desgraciada momia, 
Por dos reales te exhiben á cualquiera. 

Rafaki^ Machado Jáuriígui. 

floras 6c angustia. 

Ya no puedes palpitar. 
Corazón desventurado, 
Porque has sido destrozado 
Por el continuo pesar : 
Si nadie puede calmar 
Tu dolor negro y profundo, 
Si en el páramo infecundo 
Es tan amarga tu suerte ; 
Busca en brazos de la muerte 
La paz que te niega el mundo. 

¿Qué eres tú. corazón mío? 
Enferma y herida entníia , 

Que el acerbo llanto baña, 
Que oprime el penar impío ; 
Si en medio al dolor sombrío 



Exhalas triste lamento, 
Es ay que se lleva el viento, 
Nadie responde á tu queja ; 
Porque al que sufre, se deja 
Que sucumba en el tormento. 

Vas como nave perdida 
Cruzando un mar proceloso, 
Por el huracán furioso 
Sin descanso combatida ; 
Las borrascas de la vida 
Al fin te harán sucumbir ; 
Que no es posible existir 
Sin un instante de calma, 

Y las tormentas del alma 
Muy pronto te harán morir. 

Más vale así ; tus dolores 
Terminarán con la muerte : 
y ya que te dio la suerte 
Espinas en vez de flores. 
No sentirás los rigores 
Con que ahora tus fibras hiere ; 
Si apoyar tu aliento quiere, 
Deja la humana balumba ; 

Y encontrarás en la tumba 
El descanso del que muere. 

Mi alma tenderá su vuelo 
A las inmensas regiones, 
En donde no hay decepciones, 
Ni angustias, ni amargo duelo ; 
Allí buscará el consuelo 
De lo mucho que ha sufrido ; 

Y tú, corazón herido. 
Por el dolor destrozado. 
Pronto serás sepultado 
En las sombras del olvido. 

¡ Perdóname, Dios clemente, 

Si anhelo volar á tí ! 
¡ Perdón ! ¡ sufro tanto aquí ! 
¡ Es mi dolor tan vehemente 

Que se extravía mi mente ! 

Y he sido tan degraciada. 
Que ya de sufrir cansada 
Quiero abandonar el nmudo ; 
Donde el tormento profundo 
Me destruye, me anonada. 

¿Qué soy yo? Débil arista, 
Que arrastra airado turbión, 

Y este infeliz corazón 

Ya no puede ser que exista : 
i No es posible que resista 

Palpitar en el vacío ! 
¡ Es mi dolor tan sombrío, 
^Tau negro mi desí^jican^o* • 

Que me ahogo en un mar de llanto, 

Y ¡ no puedo más. Dios mío ! 

YiCKNTA LaPARRA DE LA CRRDA. 



i 



184 



/.A II.rSTRACÍON GUATEMALTECA 



*£I Sol^a^ito ^c latón y su noria 
^c porcelana. 

éN apartado estante de un bazar de jugue- 
tes, en una calle principal de Guatemala, 
, el aire desgraciado y como de ciiiien ha 
venido á menos en su fortuna, me encontré al 
soldadito de latón, héroe de este cuento. 

Hl soldadito lio se hallaba en aquel estante 
apartado por obra de la casualidad. lil color 
un poco apagado de su casaca de escarlata, 
cierta palidez de las antes opulentas charrete- 
ras de hilo de oro, y un desarreglo nada estu- 
diado en el sombrerito de tres picos, denuncia- 
ban que este hijo de Marte pertenecía al pa- 
sado ; en otras palabras, que era un juguete 
del aflo anterior, desterrado al apartado estante, 
no porque me le hubieran pinchado en tene- 
brosa conspiración cuartelera, sino simple y 
sencillamente porque en cierta manera él había 
dejado de estar á la moda. 

El aire compungido, algo extraño en cara 
militar, tan joven, me llamó la atención, y me 
acerqué al hombrecito para darme cuenta de 
su alejamiento del centro de aquella brillante 
sociedad de juguetes que ocupaba los estantes 
y las vidrieras más á la vista en aquel almacén. 

— Buenos días mi coronel, dije, dirigiéndo- 
me al muñeco preocupado. 

— A los pies de l'd., señora. 

— ¿ Qué le tiene á Ud. tan fa.stidiado este día 
alegre de Navidad ? — le pregunté en seguida. 

— Es una hi.storia triste, replicó el soldadito 
de latón. 

— Refiéramela l'd., señor Coronel, y e.sté se- 
guro que me inspirará profundo interés. 

Suspiró el juguete y tirándose del bigote 
prorrumpió así : 

— Ha de saber, lid. señora, que pocos me.ses 
há, fui el juguete más importante de esta tien- 
da. Las niñas y sobre IimIo los hombrecitos, 
lanzaban con interés sus miradas hasta el es- 
tante en que, bajo hermo.sa l)omba de cristal, 
lucía yo mis galas militares. Por aquel tiempo, 
señora, veíase sobre el estante contiguo la más 
linda paisanita de porcelana, ataviada de (¡re- 
cio-as cintas y con unos ojos lánguidos de 
'cristal, capaces de encekder, no s<jft> el alma 
d: un soldado, sino Az hacer volar la Santa 
Bárbara mi^ma. Empecé á echarla miradas 



seguidas luego de piropos, y en breve, para no 
cansar á Ud., ella me prometió eterno amor, y 
yo, sobre la cruz de esta espada que hoy ve 
Ud. toda torcida y hasta sin su vaina, le juré 
defender mi derecho adquirido, y si menester 
fuera, degollar, no un estante, sino todo un al- 
macén de juguetes rivales. 

Buenos tiempos eran aquellos, y los días .se 
deslizaban dulcemente sin ([ue nadie fuera osa- 
do á interrumpir la tranquila marcha de nues- 
tros amores ; siendo así que .sobre la bomba de 
cristal que me servía de cuartel, como sobre la 
que resguardaba á mi prenda, habían colgado 
dos rótulos, que decían cada uno: "¡Cien 
pesos ! " y así estuviéramos todavía, bien de- 
fendidos por lo subido del precio que estaba al 
alcalice de jxktos bolsillos ; pero es el caso que 
en mala hora llegó por el último vapor (y cómo 
siento que no se haya extraviado el bulto en 
San José) un muñeco militar, diz que de una 
de las mejores fábricas de París, y como al in- 
digno le acomodaba muy bien mi bomba de 
cristal, como que sus padres se la hubieran 
mandado á hacer, ahí tiene lid. que fui desa- 
lojado ni más ni menos, que romo político 
caído y desterrado, á este estante remoto donde 
por más que me tuerzo y retuerzo no alcanzo 
á tener de frente á mi odiado rival ; pero por 
mal de mis pecados, sí veo, y demasiado claro, 
las muecas y miradas con que vive obsequián- 
dole esa condenada muñeca de porcelana, por 
quien estoy penando. 

El relato del pobre coronelito de metal, era 
para interesar cualquier corazón de mujer, y 
plíseme á discurrir sobre la .solución que pu- 
diera dársele á tan grave asunto, retirándome 
un poco para mirar mejor al odiado rival, vi 
que efectivamente era de mejor talante y acaso 
también talento ; la víctima, puts el francés, 
con sus bigotes til sos, su ke]>i desmesurado, y 
sus pantalones bombachos, no era tipo de mi- 
litar como los entendemos por acá. 

Pregunté á la paisanita la razón de su poca 
constancia, y me replicci que efectivamente más 
le gustaba el otro, pero que era hombre al agua 
jiorque el dueño del almacén le había puesto 
un rótulo ignomiiiio.so de sólo quince pe.sos. 

.*!in advertirlo, la |>aisanita me había hecho 
luz y decidí dar en tierra con el orgulloso 
francés. 




BEij«iiS Arpistas. — Fotografía de A. G. Valileavellano. ^ 






. * •• • . 



/,.-/ ILUSTRACIÓN GUATEMALTECA 



185 



líl asunti) era fácil una vez discurrido el cómo. 

Kl dueño de la tienda, ocupado en vender 
globitos de colores en otro extremo del alma- 
cén, no prestaba atención ni menos pensó en 
vigilar mis maniobras. 

V.w ini momento levanté la bomba ; despojé 
al francés de sus relucientes charreteras y de 
la hermosa espada que había traído de allende 
los mares, seguramente para meter miedo á los 
chapines ; y jamás militar alguno fué desar- 
mado con más rapidez que éste, por las acti- 
vas manos de una chapina. 

Las prendas así obtenidas fueron acomoda- 
das de seguida sobre el simpático hombrecito 
de latón, á quien coloqué de nuevo en la habi- 
tación de cristal de donde su larga e^-tadía, á 
diferencia de las hojas de largo servicio en los 
verdaderos cuarteles, sólo había servido para 
asegurar la ignominiosa expulsión. Colgué 
después sobre el pecho del francés el humi- 
llante rótulo que decía: "quince pesos," y 
llamé luego al dueño del almacén, alargándole 
el precio así indicado. 

De esta manera pasó á mi poder el usurpa- 
dor, y al .'^alir del almacén, saludóme en co- 
rrecto estilo militar el coronelito de latón, lle- 
vándose al sombrero de tres picos la hermosa 
espada del muñeco que yo llevaba bien asegu- 
rado y envuelto en un papel, mientras que la 
paisanita de porcelana, la cara radiante, me 
decía con sus ojos de cristal cuánto había lle- 
nado su corazón con el cambio de inquilinos 
militares. Caklota H. O. de Kelly. 

(Brupo 6c ^Irpistas. 

.«^ ESDE la más remota antigüedad, vemos 
I U) que el arpa, ha sido apreciada por los 
•■^ amantes de la másica, como uno de los 
instrumentos más á propósito para producir be- 
llas harmonías. 

David, bailando delante del Arca Santa, al 
son del arpa, nos da idea de que en aquellos 
tiempos era conocida. Y si observamos los 
geroglíficos de las pirámides egipcias, la vere- 
mos entre ellos. , 
* Allá en el siglo XVII, cuando los trovado- 
res halagaban los oídos de los nobles, con be- 
llas melodías, cuando amenizaban los banque- 



tes, ó ya también, en los instantes mismos en 
que se celebraba el éxito de un torneo, en 
unión del violín y la guitarra servía para inter- 
pretar populares tercetos. 

María Antonieta, la infeliz reina, en sus ju- 
veniles días dedicaba horas enteras en unión 
de su prima Dauphine, á tocar el arpa . . 

Más tarde, cuando subió al patíbulo, en me- 
dio de los gritos de un pueblo sediento de 
sangre aristócrata, oyó una bonita sinfonía to- 
cada por un saltimbanqui, casualmente con el 
mi.smo instrumento con que ella se deleitaba 
en los días que aun lucia rubia cabellera : el 
primer canto de amor humano, y el líltimo de 
amor divino, fueron igualmente acompaña- 
dos 

Contrastes de la suerte ! 

No es nuestro ánimo demostrar erudición ; 
por lo tanto, dejaremos de hacer historia. 

En Guatemala, hasta hace poco no .se había 
desarrollado la afición por el arpa ; pero llegó 
el .señor Don Eugenio Ceci, distinguido pro- 
fesor del Con.servatorio de Ñapóles, dio algu- 
nos conciertos, y los dio de tal manera, que 
muchas jóvenes de esta distinguida sociedad, 
inteligentes unas y profanas otras, en el divino 
arte, fueron á tomar lecciones de dicho señor, 
y forman hoy, falanje numerosa y entusiasta. 

Tenemos el gusto de presentar á nue.stros 
lectores un bello grupo con el insigne maestro 
á la cabeza, y rodeado de sus discípulas parti- 
culares señora María Luisa de Cottone, señora 
Carlota Díaz de Santolino, señorita Luz Batres 
Peralta, señorita Ida Cohn, señorita Elisa Díaz 
y la inocente Conchita Ortega. 

Si el piano encanta por las múltiples combi- 
naciones, que se pueden formar con sus teclas, 
el arpa no puede envidiarle, teniendo á su 
favor, mayor sentimiento ; pues estando las 
cuerdas en contacto directo con los dedos del 
artista, comunican á éste, al tiempo de vibrar, 
agradable sensación, qt:e le lleva emocionado 
á producir sublimes y arrobadoras melodías. 

El maestro Ceci, ora en el Conservatorio de 
Música, ora en el In.stituto Nacional de Seño- 
ritas, y finalmente, en clases particulares, en- 
seña á tocar el citado instrumento, .siendo aquí, 
lo mismo* que en Nipoleí, R?)ma, etc., admi » 
rado de todos cuantos tienen la suerte de es- 
cucharle. 



1 86 



/.A IIJ 'STR.ICION CCA TI-.MAL TUCA 








\'.\\ el presente número verán nuestros altonados una 
lámina que representa un j^rnpo de ciclistas. 

Fue tomada por nuestro amigo, el distinguido ar- 
tista Don All)erto (i. Valdeavellano. el día 19 de no- 
viembre del año último, en que se colocó la primera 
piedra del edificio de la " l'uión Ciclista íluatenial- 
teca " frente al velódromo. 

Estando reunidos muchos <le los miemliros de dicha 
asociación en la solemnidad á que nos referimos y 
despiiís de terminada la ccremonia.se fueron de pa- 
seo por los " Ixjidevards '* y |wr ahí se diseminaron 
siguiendo «listintas dirección; s; pero habiendo que- 
dado algunos juntos en el extremo sur del paseo, 
frente al palacio (jue le da fondo, acertó á llegar el 
fotógrafo (jue fue recibido alegremente por los cir- 
cunstantes, quienes luego se colocaron en posición 
para ser retratados con la naturalidad (]ue se ve en el 
gral>ado que hoy tenemos el gusto de reproducir. 

Se sacaron hasta seis negativas diferentes en diver- 
sas posturas y todos salieron muy bien, de mmlo que 
el artista y concurso quedaron bastante satisfechos. 

Nos excusamos de consignar los nombres de los 
señores <|ue forman esc grupo en razón de ser todos 
mnv bien conocidos en esta capital. 
*^» 

Kl dia 6 del mes que tra.scurre.hubo, como ya saben 
nuestros estimables lectores, una corrida de cintas v 
de toretes que tuvo lugar en el circo taurino, con el 
objeto de destinar sus productos á favor del Hospital 
(ieneral y del Hospicio de esta ciudad. 

p;i esjwctáculo primero, las cintas en bicicleta, era 
del todo nuevo entre nosotros y alcanzó un ruidoso y 
merecido éxito, por cnanto ilejó complacidísimos á los 
concurrentes. 

I.OS cincuentiún palcos del semicirco de sombra es- 
tuvieron ocupados por otras tantas familias de lo más 
selecto de nuestra sociedad y en los tendidos hu1>o una 
concurrencia tan numerosa y distinguida, como jamás 
habíamos visto en aípiel lugar. 

Se dieron cita para esa tarde muchas de las más Ik.*- 
llas guatemaltecas, que ^on gala de este espléndido 
jardín de la hermosura y del donaire ; y el lujo des- 
Inmlírador que desplegaron en sus excelentes trajes, 
son una pruelu del buen gusto que tinto abuinla en 
ellas, así como del bienestar genenil de que pi>r for- 
tuna disfruta el país ilesde hace algún tiempo. 

To«las esas circunstancias unidas al buen tiempo 
que hiA^. á pe4.r4de ^tar la temiieratura á unos 14 
grados centígrailos, nirviercm para dar á la función 
doble atractivo. 

A la»; -^ p. m. se abrieron las puertas del circo y co- 



nien/.ú á llenarse <le gente, y algunos minutos después 
se dio la señal pura (jue principiara el acto, lo que se 
lii/o en perfecto orden. 

IVnetraron al reilondel en una j)C(|neña y simpática 
formación, de dos en fondo, y sobre sus airosas y bien 
adornadas mác{ninas los trece ciclistas que iban á dis- 
putar con su destreza los premios que ganasen ; y éstos 
consistían en hermosos listones ile seda, rica y elegan- 
temente l>orda<los en oro por varias señoritas, que pu- 
sieron sus nombres y la fecha de esta íesliviilad. 

Rl activo or -anizador de esa fiesta hizo unos planos 
de las evoluciones (¡ne debían ile efectuar los ciclistas 
ala entrarla y ya para comenzar e! juego de cintas ; 
pero jHír causas ajenas á la voluntad de todas, ya nt» 
fue ixisihle llevar á calx> esas bonitas maniobras, tales 
y como las habían calculado, de modo que tuvieron 
([ue contentarse con hacer algunas marciías y contra- 
marchas simétricas y vistosas, jxfro cortas, aunque <le 
mucho efecto, lo cual llevó al público la primera im- 
presión de lo más agradable. Después de concluido 
ese ejercicio se dirigieron todo'í hacia el centro del 
redondel, y c<docándose á conveniente distancia unos 
de otros, formaron una línea recta dando frente á la 
presidencia, á la que hicieron un saludo cortés con las 
"cachuchas" en la mano. En seguida comenzaron á 
destacarse uno en pos ile otro y con e pació suficiente 
de tiempo y de distancia, para lanzarse á toda máquina 
y varilla en mano, sobre las coiliciadas argollas que 
pendían de las cintas <|ue ambicionaban los actores de 
esa pista de pericia cíclica. 

El resultado fue brillantísiuio. y como un acto de 
merecida justicia consignaremos en seguida los nom- 
bres de esos simpáticos camjH'ones, especificando los 
nombres que contenían las cintas (pie respeclivanienle 
alcanzíiron : 

MlHMHROS I>li LA •f, C. G ' 

IVdro Onvarretc. cinta vle la Sra. Doña Algcnn de Rcviiii Barrios 

JorRC Romana, *■ Srfiorila Raquel \'As<niez. 

Jorge (;üubaud, ■' " " María Cnniaclio. 

Carlos Tinoco. Jt-slis Monteros. 

Alfredos. Klée. Julia NovcH.t. 

" " " Marfa riiico, 

Anloiiio del Valle. ' J.uiíia Culonia. 

MII.MIIKOS liKI. "Ol.lMI'IC Ct-rii." 

r.uHiavo Novclla. clnlii de las Sritas. Amalia y KsU-r Tinoco. 
JuséColuma. ■■ l,i Srita. Aída Carrera. 

Joié V. t'rruela. Julia Coloma. 

Rafael rrihe, " " lii* Srita». Muría y Jesrts «loiilmiid. 

Walterio Ko>teni]int. ' •■ In Srita. Amalia I.arniondo. 

María Cnrrern- 

l>K nisoCn Ci.ra. 

Ricardo VAnquei, cinta de la Señorita Hlvira Rmlri^nez. 
Jorge riiict), cinta de laft Siñorita<f Antonin y Clara Aycinena. 

Ttxlos merecieron nutridos a])lansüs (¡ue el público 
tributó á las habilidades de que dieron muestra los ci- 
clistas y terminó la carrera engalamimlo á los vence- 
dores con los hermosos trofeos (¡ue conquistaron. 

.Veto continuo «i^sacaron á la lidia, uno en pos d« 
otro, tres toretes ile la ganadería del Naranjo, toman- 
do parte en ella los ciclJMaH Don Jnslr» <',avarrete v 
Don Antonio del Valle. V.wv.. 



t 



/.. / //.¡'STKAC/ON GUATEMALTECA 



1S7 



^Irtículoi y I)i5cur50f. 



cabeza toda inclinada hacia atrás como si el 
peso de la masa cerebral la obligara á ello, 
¿'•p. ON tan pocas las producciones literarias labios sonrientes, ora por los optimismos con 
AS, en Guatemala, que necesariamente ha de que considera todas las cosas, ora también por 
^"^ llamar la curiosidad la y)ul)licación de un la discreción política que encierran, y ultima- 
libro nuevo. mente, porque velan una ironía que pudiera á 

lín un tomo de trescientas páginas octavo veces ser inoportuna. 
francés, ha recopilado el seilor Don Rafael La firma puesta al pie del fotograbado, indica 




Spínola, algunos de sus discursos y artículos. 

Precede al libro un prólogo del señor Don 
Domingo Morales, en el cual apunta ciertos 
datos biográficos del autor. 

No hace falta .ser muy fuerte en frenología, 
para juzgar por la simple in.spección del re- 
trato con que e.stá adornaéj la cubierta, las 
cualidades intelectuales y morales del e.scritor. 
Frente ancha y de.spejada, mirada inteligente 
y burlona, bigotes cuidados y retorcidos, la 



una esi>ecial suavidad en sus trazos, lo cual, 
unido á la fuerza con que acantila y la conci- 
siiin con (pie abrevia su apelativo, demuestran 
simultáneamente .su celeridad en determinadas 
ocasiones, y firmeza de carácter cuando las 
circun.stancias lo pidan. 

Vo no voy á hacer un jiyc¿) del l¿bro. los 
disrnr.sos no se lian flecho para ser leídos, ]h* 
tanto, la crítica no puede ajilicarse : quizá un 
período frío o incoherente, resulte lleno de ma- 



I 



ISS 



/../ //./S/A'.U/iKV CCA rr.MM.rixA 



jestmisa eliK-uc-nvia, i-uaiido el orador i-ii la 
tribuna lo acom]xiflo con nna snjestionadora 
jirescncia, nna potc-nlt.- vo/. acom]iaiVida de 
liálñl acción. I)eotro lado, las malcrías ([ue 
trata se refieren á asuntos pnram.'nl.- localistas, 
y yo no soy de aiinellos que se atreven á escri- 
bir historias contemiKiráneas, ni siquiera ano- 
taciones sobre la veracidad de los liedlos ((uc 
el destino no quiso desarrollar en mi medio 
ambiente, l'ero si, tran.scribiré mis impresio- 
nes : en el articulo que , se intitula "Pensar," 
emplea la palabra iKilari/ación. tn un sentido 
tal, que á la ]>ar revela sus conocimientos fisico- 
psicoló¡;icos en tal profundidad y extensi(')n. 
que le acreditan de pensador. I.os que c<mio 
yo, están acostumbrados á lo ipie en lenguaje 
periodístico se llama leer los canjes, percibimos 
di.stintamente, y como si e.stuvieraii escritos en 
tinta d; diferente color, lo verdad .-rameiite no- 
table, de lo comiin y general ; no nscEsité que 
me dijeran (pie era médico el vate ¡lara perci- 
birlo claramente. 

A Dolores Montenegro d;dica su segundo 
artículo, encomiando los magníficos versos (pie 
produce su musa potente ; e.sta poetisa .sin eru- 
dición pedaiite.sca «piiere. .siente tan bien la 
belleza, que es un modelo en su género : Dios 
quiera que en la segunda parte de su vida en- 
cuentre dic-ias (¡ue la hagan olvidar pasado i 
dolores, cambien .su insi)iración y den felicidad 
á los que la cjuieren y admiran. 

He aquí cómo señala de manera gráfica el 
]>()der del perifidico, dice : . tan s<)lo á esa 
liviana hoja de papel (pie i)uede lanzar rugidos 
má.s aterradores que el bronce de todos los ca- 
ñones, y causar más estragos con s<)lo sus tiz- 
nadillas letras, que todo un tren de artillería 
miKlerna preñado de má<piiiias 1-orribles, con- 
feccionadas iKira volar ciudades y pulverizar 
hue.sos humanos e.se heraldo del mundo, 

alado vocinglero universal que se escurre silen- 
ciosamente |>or entre las rendijas de las jiuertas, 
llevando entre sus pliegues el alimento del es- 
l)iritu, etc. Xo se puede decir más m nunos 
palabras. 

A Díaz Minln le consagra una-, mantas pa 
ginas, en la~ «j^^liat^- la aix)logia d^l ilustre 
\%te veracruzano. Creemís cjue el cariño, más 
que la imparcialidad ha inspirado muchas de 
sus afirmaciones. Conocedor profundo del 



mundo, hace considerandos acerca de la Ky de 
las compeii.saciones que le rige. 

" ICl día de los muertos," ese día frío y triste 
de noviembre, lleno de recuerdos para los seres 
queridos que no existen, encuentra eco en el 
coraztin sensible del poeta, y al ser tran.scrito, 
pnxhice triste emoción al lector . 

Hieii «piisieía ir de.scribiendo uno á uno los 
capítulos del libro (pie revelan enciclo])édicos 
conocimientos, pero la Revista va á salir, yo 
no tengo más cuartillas escritas, y jior otra 
parle, ellas S(ni suficiente acicale, [lara ipie los 
lectores de las bellas letras guatemaltecas, se 
apresuren á ad(piirir el libro y saborear sus 
excelencias. 

Vo no soy amigo del señor ,S])íiu)la, no lo 
seré nunca : sus ideas .son opuestas á las mías, 
por el fondo y jjor la forma con (pie las des- 
arrolla, pero no quita, (pie á fuer de aficionado 
á las cosas literarias, lea en los ratos que mis 
negocios me dejan libre, las producciones de 
los escritores guatemaltecos, para formarme 
cabal idea del movimiento literario de esta 
iiaci(jn. lanío más si ellas son producidas, como 
en este caso, \>w hombres á (|uiciies la fama 
les ha concedido sus honores. 

A. M.\ci.\s iii:i. Ri:.\i.. 

^£ol•ro¿po^l^cllcia, 

Sj:s()k Don Jri.io dk Bri-v.nk. [z'i'.\1'.\. 

Le suplicamos reclame á la Adminislraciííii 
de Correos de ésa, los números de I,.\ li.r.s- 
TK.\(.i(iN (pie no le han llegado, pues de aquí 
salieron como de costumbre con regularidad. 

Sk. D. M.VKl.Wo LÓPKZ P.\CHi:C(). Coi.OMH.X. 

Se ciicueiilra VA. en el mismo caso anterior. 

SkSok Don a. J. K. 

No recibió la suscrii)ci()ii porque no.sotros 
tampoco recibimos el dinero. 

Sk.^ok D(t.\ D.\Nii:i. Kos.M., 

Kirc-ctor ilcl Trli5),'rar¡i in (jut/alUiian>;.i. 
Se le remite con regularidad la Revista, le 
suplicamos reclajie á la .\(lniinislraci()n de 
Correos de esa localidad. * 

SkSor Don A. M. T. 

Sus versos son muy malos y no se publicarán. 







Francisco A. Vii.i.atoko. 



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• • • • 



t 



LA IIÁ'STRACION GUATEMALTECA 



i8g 



"«Sitoratura 6c l)u)iaría. 

Canciones de Petoefi. 
AS letras húngaras han luchado con fuertes obs- 
táculos en su desenvolvimiento. Kl idioma 
_ L, nacional se hallaba bien formado y completo en 
r^ el siglo once, y desde entouces hubo distinguid 
dos ingenios empeñados en dar á Hungría produccio- 
nes literarias. Kmpero, el despotismo ahogó casi por 
completo esta justa aspiración, al imponer alternativa- 
mente la lengua latina o la alemana, haciendo así más 
odiosa aún la política de absorción sobre aquel pueblo, 
dran parte de las obras húngaras se hallan escritas en 
estas lenguas, y el primer periódico qne hubo allá, se 
publicó en el idioma del Lacio, en 1722. Asegúrase 
que en aquellas épocas, Hungría tuvo grandes escri- 
tores como Kazy, Bel, Pribetzky, Desericius, Batjai y 
otros que en diversos géneros, y sobre todo en la his- 
toria, la filosoíía V la elocuencia, rivalizaron por la 
elegancia romana con Tito Livio, Cicerón y Séneca. 

1/as letras nacionales puramente húngaras no se han 
desarioUado del todo sino con el siglo actual. Varios 
géneros sobresalen entre ellas, pero es el primero el de 
la.s canciones populares y patrióticas. Ahí son ver- 
daderamente notables Rajinis, Dayla, Kazinczy, Virag, 
Kis, Horvath, .\ranyi Vachot, líajza y especialmente 
\';ercesinarty y Petoefi. 

Sandor Petoefi es el Rouget de Lisie húngaro, poeta 
V soldado á la vez. Sn vida es corta, pero interesante, 
y su muerte gloriosísima ; porque cayó como bueno, 
á los 26 años de edad, luchando por la libertad de su 
Patria. Era hijo de humildes campesinos de Felegy- 
hasa en Rumania, y su vida errante desde niño le 
inspiró el amor á la independencia. Quiso ser actor 
en sus primeros años, y fué silbado ; pero sus versos 
le colocaron pronto entre los húngaros más notables. 
Tomó parte en todos los combates que hubo en las 
provincias del bajo Danubio, como capitán de la mili- 
cia nacional. En enero de 1840 el general Bem le hizo 
su ayudante en el ejército de Transilvania. El héroe 
le amaba como á hijo suyo, y en premio de su bravura 
le condecoró en el campo de batalla. En la acción de 
Segeswar terminaron aquellas sangrientas luchas, el 
31 de julio; las huestes liberales fueron deshechas 
por la artillería rusa y las rocas precipitadas de lo alto 
<le los Cárpatos. El general Bem quedó en un pan- 
tano como muerto, cubierto de balazos, mientras Pe- 
toefi murió heroicamente sin que se pudiera encontrar 
su cadáver. De esto se formó en Hungría una popular 
leyenda, según la cual, Petoefi había de reaparecer 
entonando sus himnos revolucionarios, y que entonces 
la Patria húngara quedaría libre del yugo extranjero. 
¡ Tan cierto es que en el poeta existe no sólo el intér- 
l>rete de las aspiraciones sociales, sino también el ge- 
nio bienhechor en quien se concentra el último rayo 
(ly esperanza cuando aquéllas han sfiunibido ! 

Petoefi, como dice Mr. Saint Rene Taillaiidier, reu- 
nió en sus versos todas las emociones de su existencia 
vagabunda, sus gritos de alegría ó de dolor, sus juve- 



niles ardores y desfallecimientos melancólicos, sus co- 
rrerías por el país, sus largos ensueños en las tabernas, 
sus fatigas en la guerra, sus impresiones alegres ó do- 
lorosas del mundo. Pintó bien á la Hungría, en un 
lenguaje sencillo y varonil, familiar y vibrante que 
jamás había resonado en oídos húngaros y que recuerda 
los acentos de la poesía primitiva. Mr. Dozon le com- 
para con liurns. el célebre cantor de Escocia, por su 
temperamento poético y la fidelidad con que interpreta 
á su país ; mientras que Mr. \'almore encuentra en él 
mucho del espíritu francés. Sobre todo. I'etoefi fué 
un ingenio notabilísimo y un gran corazón empleados 
en una causa grande y justa. 

Los lectores de este periódico (juerrán sin duda cono- 
cer algunos versos de aquél que es uno de los poetas 
más simpáticos de la Europa moderna, y por eso he 
procurado verter á nuestro idioma algunas de las 
"Canciones húngaras," valiéndome de la traducción 
francesa de Coppée. como he dado los anteriores apun- 
tes extractándolos de los biógrafos del poeta. 

Son las siguientes ; 

I. 

¿ÜUIÉN MR COMPRENDE? 

¿ Quién me comprende ? Llaman locnra 
Mis versos hechos de sombra y luz. 
.\mo y me quieren, y esto es mi encanto : 
Nací en Hungría, y esta es mi cruz. 

Lílgrimas tiernas mis ojos bañan 
I'or la (|ue diÓme su amor feliz ; 
Pero suspiro con duelo y furia 
í'or las desgracias de mi país. 

riobrc mi pecho la vida ardiente 
Kamos de flores depositó; 

Y el patriotismo que existe- esclavo 
Con sus espinas me coronó. 

Triste y alegre, voy derratnaudo 
Kn las borrascas, con mi caución, 
I'lores nacientes, gotas de sangre. 
Llanto de amores é indignación ! 

ir. 

Á ETELKA. 

Mira cómo el Danubio, dulce amada, 
lista isla abraza triste y soñador ; 
Así vive tu imagen adorada 

Aquí en mi corazón. 

Ve cómo ese follaje la onda alcanza 
Para besar cl río sin temor ; 

V deja que así venga la es|>cranza 

Aquí {k mi corazón. 



MI DAMA V MI KSrAI>A. 

Ks de noche. I,aa palomita 
Dormitan bajo las tejas. 
Mientras en el alto ciclo 
Kríllan claras las estrrlla>i. 
Keposando entre mis hrnzOM, 
KstA dormida mi bella . 
Ah I sí cu sus labios de grait:t 
IMi dulce beso le djey ! % * 



Vü deseo con vehemencia 
I»e sil Kucfío despertarla, 
\'er lucir sus claros ojos 



igo 



/../ /LUSTRAC/ON CUA'rF.MAI.TF.CA 



Y Htiit lánf^idas miradaH. 
K iniciar esos coloquio» 
^uc oye alegre la alborada, 
ܻe interrumpe ardiente beso 

Y en mil caricias acaluin. 

Coce infinito ! amor loco 
Que en ntf sin cesar anmeiiln ! 
Felicidad dulce y clara 
Que brilla contó la perla... ' 
I*ero mi espada me escucha 
l>esde un rincón, y nos cela. 

Y nos mira tijamente 
Con mirada tiue chispen. 

¿ ^¿ué tienes, espada necia * 
¿ Me maldices hoy airada ? 
¿ No puedo estrechar ahora 

Con pasión á la que nic ama ? 

Oye : aquesto es sólo mío, 

No te incumbe, cantarada ; 

Que tú no entiendes ni jota 

I)e mis asuntos de faldas. 

No la celes y ten calma ; 
Que como tlí eres, es ella 
Muy hermosa, muy altiva, 

Y con fuego entre las venas. 
I)cja que la uoble Hun{;rla 
Me reclame en la pelea, 

Y entonces á mi adorada 
Juzgarás de otra manera. 

Cierto ! trt sin fundamento 
Quieres mal á las mujeres... 
Mas la mía. cuando el grito 
De la libertad resuene. 
Te ceñiría á mi cintura. 

Y en su bendición valiente 
Nos dirá con heroísmo : 

, Sed A lIunRría siempre fieles ! 

IV. 
I.A TIERRA. 

¿ Cómo !a Tierra acal>ará ? ¿ I,oí fríos 
\A van á consumir, 6 tos calores ? 
Ah ! se helarA en el hielo 
De muchos corazones ; 
I>e muchos corazones que dormitan 
Kntre su seno con la eterna noche ; 
r>e muchos corazones que {>alpitan 
I-"n medio dt- la tiix y de las flores. 



ANHELO. 

Me dijo Dios : " Kscojc 
Tu muerle " y re»pond(t<* 
■■ Yo quiero un claro día 
De otoHo contemplar 

l,os árboles dorados 
Alzándose á la altura 

Y un i>ijaro lardfo 
Cantando al encinar. 

Qne venKB a"! 1& muerte. 

Cual llega hacia 1n tierra. 
Vestida cííU hus nieve* 
t C<a fr%i:tda estación ; 

Y venga con iKi paso 

Tnn suave que mi numen 
I^ entone como el ave 
Mi Allima canción. 



DespuCs, cuando ya sen 

l'reciso t|ue me calle. 
Con besos de sus labios 

Suspenda mi cantar 
A<|uellH amada hermosa 

Hn cuyo niveo seno 
Mi frente enardecida 

Se pudo reclinar. 

Mas nó. Señor!.... No es 6ste 

Mi óltímo deseo.... 
Yo anhelo un bello día 

De guerra y de fragor. 

Y flores entreabiertas 
Con sangre por rocío, 

Y muerte en ese día 
Me debes dar. Señor! 

I,a muerte con el sable 

Cortante entre mi mano ! 
Cuando el clarín secuntU- 

Del uve la canción. 
Mi alma en primavera 

Revuele libremente 

Y una rosa de sangre 
Se torne el corazón. 

Y cuando mi caballo 
Me arroje de la silla, 

Ven, cierra con tus labios 

I,os míos. ¡ oti deidad ! 
Tú á quien amé con fuego, 

Locura y arrebato. 
Casta hija de los cielos, 

Sublime Libertad ! 

Si después de leídas estas composiciones, se loman 
en cuenta los generosos sentimientos que las inspiraron , 
hay que convenir en que bien merece la memoria de 
Petoefi las poéticas expresiones de admiración de 
Francisco Coppée ante la estatua del poeta húngaro 
en Buda-Pest.el 12 íle agosto de 1S85. El melancólico 
bardo francés dijo en cuartetos delicados : 

" Kn el lugar donde el número trinnto de tu valor y 
moriste para entrar en la inmortalidail, estoy seguro 
de que hoy crece un rosal silvestre, oh poeta del amor 
y de la lil)ertad ! 

'* Tn rosal silvestre, en el que vive tu alma; y 
cuando junto á él pasan dos novios, sus dores, que el 
amante da á la doncella, vuelven más dulces sus jura- 
mentos y más ardientes sus besos. 

" Y cuando en las noches hermosas se posa en él el 
ruiseñor, el ruisei'ior, ese libre y puro cantor ala<1o, se 
inebria en la fragancia de las rosas y canta con delirio 
bajo los cielos estrellados." 

Y ese ruiseñor, agregaría un banlo lleno de en- 
sueños, es el alma del ]x>eta, que eleva himnos de gor- 
geos al amor y á la libertad, esas bellas divinidades de 
los tieini>os modernos. 

J. MÍÍNDRZ. 

00000000^000 
Pensamientos. 
F.l puílor es un velo arrojado sí)bre el cora/.ón del 
hombre i>ara haoif invisible lo que es divino. , 

I^s deseos de las mujeres son como los espárragos 
apenas se cortan brotan con más vigor. 





I 





f 



/../ //.rsy-Á:uV(hv (,rAriíMAi.r]-:cA 



191 



3n5tituto rillatoro. 

;<í ()XSI",CUlv\"TlíS con el projiósito de favo- 

ij--|| reeer lodos los intereses que se relacionan 

( con la enseñanza y el progreso nacional, 

publicamos hoy algunf)s grabados referentes al 

Instituto Villatorfi. 

La i>riraera vez que visitamos este centro 
pudimos observar mucho de notable en él. 
Su director ha sabido perfectamente implantar 
un régimen de enseñanza análogo á los mejo- 
res del extranjero \- (pie tuvo ocasi(3n de cono- 
cer en sus diferentes viajes. 

HI solo hecho de imitar todo lo bueno (jue 
otros paí.ses han realizado al través de una 
lenta evolución, sería un signo inequívoco de 
progre.so, pero si á esto se añade la iniciativa 
p2r.sonal desarrollada al través de las tenden- 
cias propias de la nación en que .se vive, la 
imitación pierde entonces su carácter de servi- 
lismo y el provecho es mucho mayor. 

Ksta ha sido la base científica de los trabajos 
d;l citado centro : ha reunido en una, las es- 
cuelas primarias de los paí.ses cultos, y después 
de traer aquéllas á nuestro suelo las ha anali- 
zado cuidadosamente, eligiendo de ellas todo 
lo que tienen de bueno y asimilable. 

Siete profesores normali.stas de distintas na- 
cionalidades, .se encargan de dar el cuadro de 
asignaturas, con arreglo á programas formula- 
dos concienzudamente, y sujetos á los procedi- 
mientos inductivos y deductivos que manda la 
pedagogía . 

El colegio edita mensualmente un perii'idico 
titulado " J{1 Escolar Centro Americano," que 
le honra. 

Amplias son las salas destinadas á las cla.ses 
y dormitorios : llenan las condiciones que la 
higiene demanda. 

Nota importante es fijar las edades de los 
alumnos que concurren á este centro : aíjuí 
donde .se hace difícil la .separación absoluta de 
los escolares, podrían originarse ciertos cambios 
de ideas mutuas en perjuicio de la moral y del 
decoro, por muy severas que fueran las reglas 
de la disciplina. 

El hombre está compuesto de^ilma y cuerpo : 
atender exclusivamente al desarrollo del espí- 
ritu, procurar reunir sumas enormes de cono- 
cimientos, las más veces inútiles, d la larga 



llevar de deduccifjn en deducción la inteligen- 
cia del niño, á las regiones abstractas de una 
filosofía superior, nacida al calor de cálculos 
algebraicos, no conduce sino á sembrar dudas 
en almas creadas para gozar de los optimis- 
mos de la fe. 

Kant, Hégel, Hármann. Leibniz, con sus 
ideas, productor de la meditación y del estudio, 
llegan á encontrar dificultades enormes, para 
exponer las verdades objeto de sus elucubra- 
ciones, y entonces, tropezamos con el infinito 
infuiitnniciiíc nhíoliilo, ó con el absoluto infi- 
niíaiiuiilc infinito, como definiciones de un Ser 
.Supremo, que podrán ser mas (í menos claras, 
pero siempre resultarán obscuras para niños 
de corta edad. 

No.sotros pensamos con -Spencer, <iue es im- 
periosa la necesidad de variar por completo 
los métodos de enseñanza, que actualmente 
sirven para la educación de la juventud : la 
utilidad del conocimiento, primero para bas- 
tarse á sí mismo, después á la familia, y por 
último á la sociedad, delie ser uno de los prin- 
cipales m<)viles que guíen al pedagogo. Mas 

como esas transformaciones 110 pueden ser brus- 
cas, porque han de ser evolutivas, es preciso ir 
á ellas por procedimientos progresivos, y por 
tanto, es de alabar la importancia que se da á 
la gimnasia en el antedicho liceo. ¿ De qué 
sirve que un alumno recite la carta á los Piso- 
nes de Horacio, dé cuenta detallada de una 
clasificación entomológica, enuncie las tres- 
cientas veinticinco definiciones notables que de 
Dios han dado, ó exp<jnga en orden cronoló- 
gico los mandatarios de los pueblos antiguos 
y modernos, si la adquisición de todas estas 
cosas, ha sido lograda merced á la salud y se 
encuentra débil y enfermizo, por las largas 
horas que ha robado al sueño y al ejercicio 
corporal ? 

Los amantes de Cuatemala, aijuellos que se 
preocui)an del adelantamiento moral y social 
de su patria, deben visitar el establecimiento 
<lel señor \'illatoro, para darse el gusto de ver 
una falange de escolares correctos por su edu- 
cación, fuertes por cumplir los preceptos de la 
gimnasia v de la higiene^ iuí^r'jidos p|)r sus 
conocinúcnlos, y finalmente, buenos por las 
.sanas máximas de moral que se les inculca en 
sus tiernos corazones. A. M. 



I 



192 



LA ll.rSTKACIOX (.rjIlíMAiriAA 



Kcsuincn íüuiíiconal. 

Con motivo de una discusión habida entre <los dis- 
tinguidos perio<iistas, se ha puesto sobre el tapete el 
tema del duelo : unos opinan, basándose en el criterio 
legal <|ue estando prohibido éste por el Código Gua- 
temalteco y también por el Kspañol, no debe acep- 
tarse un desafío, y menos, por asuntos periodísticos; 
otros, sostienen lo contrario, fundados en la deficien- 
cia de las leyes, para castigar ciertos órdenes <le deli- 
tos, con la intensidad que la justicia requiere, y el 
amor propio demamia. 

Si cobarde es faltar al campo del honor, en solem- 
nes momentos, quijotesco es también buscar ofensas, 
allí donde no hay sino hipotéticas apreciaciones. 

Contar por docenas los desafíos no quiere ilecir otra 
cosa, sino que aquellos han sido ridiculas ceremonias 
ó el narrador es consumado maestro de esgrima, que 
busca víctimas que le sirvan de pedestal para su fama. 

I. a Sociedad " E."scelsior " ha celebrailo un baile 
suntuoso, l'na concurrencia distinguida acudió á él. 

Nosotros no pondremos la lista de los invitadas, por 
ser demasiado larga, pero la prensa diaria la ha pu- 
blicado, y por cierto que un cronista clasifica á las se- 
ñoritas por los colores oe sus trajes, como pudiera 
Rafael ó Miguel .angelo, ordenar las pastillas de su 
caja de pinturas, ó el químico las anilinas que le sir- 
ven para sus trabajos. 

" I^i Nueva Era," perió<lico ijue durante cinco años 
fué órgano del Club " La Uemocracia." ha suspen- 
dido sus tareas. 

Kl señor Don Juan P. K. Padilla, director de dicha 
publicación, puede estar satisfecho por los frutos obte- 
nidos, en favor de las ideas liberales. Cuando el 
tiem)» acalle cit rtos resentimientos, se le hará justi- 
cia á la nobleza y desinterés tjue ha impídsado esa 
publicación y á los grandes servicios c¡ue ha prestaflo 
á la patria, principalmente en el extranjero. 
O 

En el templo de ,San I-'rancisco. se lia celebrado con 
gran solemnidad, la novena de la Virgen de los Pobres. 
A cargo del señor Orantes estuvo el sermón, que fué 
notable jxjr lo elocuente y conciso. 

Inútil es qne el preilicailor ocupe dos horas la cáte- 
dra sagrada, el auditorio no puede .sostener la aten- 
ción, se aburre primero y se duerme después. De 
otro lado, ciertas erudiciones son ridiculas por lo ilifu- 
sas ó inútiles, por no venir á sunnir pruebas en el 
asunto t|ue se debate. 

O 

lx>s dueños de cortes de madera, se han puesto ile 
acuerdo para pedir una tarifa proteccionista (jue per- 
mita competir en precio los productos de nuestros 
- bosíjuei con lo#iiiportidos del extranjercl 
« 
Los trabajos de la Exposición se llevan á cal)o con 
gran rapidez. 



El .señor Huerón.ilesplicga toila energía ó inteligen- 
cia, para que el próximo certamen se abra en la fecha 

anunciaila. 

« 

El señor Hatrcs Jáuregui ha publicado un libro titu- 
la<lo " Literatos C.uatemaltecos." precedido de un 
tliscurso prelimiinir .sobre el desenvolvimiento de las 
ciencias y las letras en e.ste país. 

Los inteligentes en la uniteria hallan la obra nota- 
ble, si bien se aperciben que el autor no siempre ha 
sid<i im]>arcial en sus juicios. 
« 

.\ obscuras liemos estado unas noches en la mitad 
de la población, debido á la falta de corriente eléc- 
trica que llegara á las farolas. 

De esto no tiene la cidpa, la direi'ción de la compa- 
ñía ([uc es sabia é inteligente, ni el material que reúne 

todas las condiciones debidas sino los intlios de 

Palín que interceptan la comunicación, poniendo en 
contacto los hilos con la madre tierra. 

.V algún malicioso se le ha ocurrido se evitaría el 
nial ])üniendo mi buen st-rvii'io de vigilancia. 

físcasa es la coiicurreiiciu (]ne asiste al Teatro 
Colón. 

Un periódico local, dice con mucha naturaliilad. 
que el público da muestra de cierta reserva, será para 
a]ílaudir. que i)ara censurar bien claro se expresa. 

Los partidarios de los artistas arrojan la culpa del 
poco éxito teatral, ya á la elección de las obras, ya á 
la mala situación económica ; y los impai cíales, á los 
actores. 

Con motivo del fallecimiento de .su abuelo Hon. Mr. 
Van ClilT, juez ile la Corte .Suprema de los E.stados 
fnidos, ha regresatlo para .San Erancisco, California, 
nuestro buen amigo y distinguido abogado, Mr. Geo. 
D. Gear. <|uien vino á esta República con el fin 
de arreglar importantes negocios. 
« 

La situación ccmiómica actual es difícil ; los liaucos 
no hacen negocios nuevos hasta (jue no se celebren las 
juntas y se repartan los dividendos; los particulares 
sí los hacen, ]>ero son tan leoninos, que más valiera 
no los efecttiaran. 

El comercio ha estado sin movimiento, á excepción 
de algunas ventas motivadas por los regalos de Ai.o 
Nuevo. 

La Presidencia de la República ha dirigido una carta 
circular á los capitalistas, rogániloles faciliten al Go- 
bierno fSoo.oixj, i>recisos aun, para la próxima Expo- 
sición. 

Las acciones de los Itancos, se cotizan á la baja, 
pues los compradores, á pesar de tener derecho á los 
ilividendos, no ofrecen mejores prccio.squc la (|uincena 
anterior. ,* 

Se ha notado alza en la deuda flotante, en virtud de 
ciertos rumores «le futuros arreglos financieros. 

Los millones del empréstito ipie se esperan, aún nc 
han llegado. 



/.. / //j:STA'AC/(h\' CrATHMALTECA 

REiiZISTM BURSMTIL-. 



NO. DE 
ACCIONES 



Banco Internacional 

de (iuatemnla 

Ainerieaiio ,. - . 

Agrícola Hipotecario. 

de Occidente 

Colombiano 



1,000 
2,500 
1. 000 

2.000 
15,000 
i,6S7 



CAPITAL 
POR ACCIÓN 



Í2.000 

1 ,00o 

1,000 

4,DOO 

loo 



Compañía del Muelle de Aan José 

■ Clmniperico 

Canteras Centro-Americana 

Palo de Tinte 

de Agencias 

la Xiieva Industria 

de Construcciones del Administrador. . 

La Urbana 

Anónima Nacional de Construcciones... 

L,a Unión Industrial 

" Ferrocarril Urbano. 

Cantón Barrios 

Agencia Marítima Nacional 



ti, 000 

6,000 

2Ó0 

450 

5.000 

134 

1,000 

j ,000 

600 

190 

400 

250 

2,200 



lÚOO 

1 .000 

lüO 

1 ,00o 
1 ,00o 
1,000 
1,000 
1 ,00o 



DESEMBOLSO 
POR ACCIÓN 



$1,400 

600 

600 

2.000 



VENTA 
ANTERIOR 



1.700 



3.100 
»95 



33 
970 
400 

66 

1 ,00o 

250 

300 

350 

1,000 

50 
350 

95 



í lyo 

200 
960 
400 
So 

1 ,700 
300 
400 
350 

1.000 
50 



VENTA 
ÚLTIMA 



Í5.4S" 
i.Soo 

QOU 

3.100 

»95 

1 ,60o 

20Ü 
960 
300 

Su 

i,6uu 

250 

40U 

351» 

l.oou 



5« 



VALORES DEL GOBIERNO 



dp:ui>a 

EMITIDA 



Bonos de los tres millones 

I>fuda flotante 

Bonos del Herrocarril del Norte .. 

Kxposición 

Acatan 



$2. 830. 300 

I ,285,700 

1 ,481,900 

I ,450,000 

775,000 



deuda 
amortizada 



51,359,800 
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